2 de julio de 2009

Epílogo

Después de un mes nos decidimos por fin a escribir un epílogo para nuestra aventura con la bicicleta.

En Tilcara nos despedimos de nuestras compañeras biciclas, disfrutamos los últimos días de la Quebrada de Humahuaca, con sus formas seductoras, sus colores centenarios y ese azul intenso y profundo del cielo en la altura, y emprendimos el regreso a Carlos Paz, ciudad que nos viera partir 9 meses antes.

El "regreso a la civilización" tenía preparados para nosostros placeres que pudimos apreciar de forma privilegiada, y lo digo porque nadie puede sentir su cuerpo hundirse levemente en un colchón mullido y rozarse con las sábanas suaves y livianas con tanto goce como aquél que ha dormido durante largo tiempo el suelo. Y además estaban la cocina, el baño, la ducha caliente, el sofá y sobretodo personas a nuestro alrededor con quienes pasar lindos ratos alrededor de un asadito, un mate o unos ñoquis caseros (que aprendí a preparar!!!).

¡Ñoquis caseros!

Pero de la misma manera que durante el viaje extrañamos todos estos placeres y a las personas que íbamos dejando atrás, ahora estamos empezando a echar en falta a nuestras bicicletas, que a pesar de quejarse de vez en cuando, cada mañana nos esperaban dispuestas a llevarnos por cualquier ruta a hermosos lugares, todos por descubrir, y pedalear caminos, montañas, cielos y brisas. Pero bueno, como extrañar implica que uno ama lo que extraña, no es un sentimiento para nada amargo y llevamos este viaje con nosotros con mucha alegría.

Pasamos casi un mes de relax en Carlos Paz y allí empezamos a planear este pequeño epílogo de nuestra aventura en las Cataratas de Iguazú y el noreste argentino. El viaje en si, por más que ya no fue a golpe de pedal, igual se presentó bastante durito por nuestra convicción de seguir con la política de bajo presupuesto (y porque el presupuesto efectivamente es bajo).

Tomamos el tren desde Córdoba hasta Buenos Aires (24 horas, piquete incluído) y al día siguiente desafiamos los transportes públicos en la hora punta porteña para ir a tomar otro tren hasta la capital misionera de Posadas, fueron 35 horas pero por suerte el tren no descarriló ni se prendió fuego la cabina como ha sucedido en otras ocasiones.
Tren, tren y más tren...

Llegamos a Posadas en las últimas horas de la noche, pero por más que no se veía nada, en seguida supimos que habíamos llegado a la selva por el intenso olor a verde y a tierra mojada que nos envolvió al salir del tren. Y sólo fuero 5 horas más de coelctivo para llegar por fin a Puerto Iguazú. Y desde allí a disfrutar de la selva paranaense!

Casa de botellas (hay gustos para todo)/ La Aripuca (construida con troncos centenarios provenientes de la tala de árboles para la agricultura)

Triple frontera Argentina - Brasil - Paraguay

Primero nos fuimos a ver las cataratas desde Brasil (y de paso renovamos mi visa para no convertirme en ilegal). El parque brasileño nos pareció de entrada muy aparatoso, con todo muy preparado y sin lugar para lo agreste que tanto nos gusta. Pero la verdad es que la vista de las cataratas lo deja todo en un segundo plano porque de una manera u otra nos sentimos privilegiados de poder disfrutar de este lugar tan especial.

Foç do Iguaçú / Llegada al parque brasileño (noten que tenemos un pequeño intruso posando para la foto)

Se ve el río Iguaçú desde abajo y es como si enmedio se hubiera abierto una grieta por donde se precipitan toneladas de agua por segundo. El sonido es ensordecedor y son tantas las gotitas que salen despedidas en el impacto que la luz tiene que hacer verdaderas peripecias para llegar a iluminar el espctáculo, y así se crean los arcos iris que a veces parece que vayan a cerrar circulos completos.

Cataratas del Iguazú
Digamos que desde brasil tuvimos una hermosa vista pero un par de días más tarde, desde el lado argentino del río, casi que nos pudimos sumergir en él. El parque tiene muchísimos senderos para recorrer en los que uno se mete dentro de la selva, pasando entre plantas de enormes hojas, por debajo de las lianas y por encima de miles de saltos de agua. Y a nuestro alrededor vuelan mariposas de todos los colores, se desplazan sigilosamente estraños insectos, se posan los pájaros en el tupido ramaje de los árboles, saltan los monos agarrandose con manos, pies y cola a los troncos y los coatíes se pasean entre la gente arrastrando su cola larga y peluda y dirigiento el largo hocico hacia todas partes en busca de interesantes aromas de comida.




Parque Nacional Iguazú (Argetnina)

Si desde Brasil vimos las cataratas desde abajo, a través de los senderos argentinos llegamos a ponernos justo encima de manera que el viento nos traía en fuertes ráfagas la famosa lluvia horizontal que nos dejó empapados de agua, imágenes y sonidos.

Garganta del Diablo

Y bueno, con todas estas experiencias vivas todavía, mañana dejamos ya Puerto Iguazú para seguir explorando rincones misioneros y terminar de disfrutar al máximo los días cada vez más escasos que nos quedan en la Argentina.

video

31 de mayo de 2009

Por la Quebrada (de Humahuaca)

Porque sí, a estas alturas ya se merece un título propio. Escrivimos de nuevo desde Tilcara, pero esto no significa que llevemos dos semanas de campo y playa tocandonos ... la barriga, sinó que desde aquí emprendimos una gran vuelta (grande en esfuerzo, no en kilómetros), que en contra de nuestras expectativas nos ha llevado de regreso, en parte por lo bonito del pueblo, en parte por la buena ducha caliente del camping y la casilla de helados que hay!!


Camino a Humahuaca

Desde Tilcara subimos unos 45km por la quebrada hasta llegar a Humahuaca. Atravesamos sus calles angostas y empedradas rebotando en la bicicleta, buscando algún lugar donde acampar y nos dimos cuenta de que a pesar de que es más grande que Tilcara, no tiene tanta vidilla. Encontramos dos campings a cuál más abandonado y decidimos meternos en el más cercano al centro que, por ser municipal, pensamos que no habría problema si lo ocupábamos. El encargado nunca apareció, pero bueno, ahí había agua, electricidad y hasta baños decentes así que nos quedamos sin más.



Humahuaca

Pasamos en Humahuaca el glorioso día de la patria, 25 de mayo en que se conmemora la revolución de mayo, momento en que se empezó a gestar la independencia argentina. La escuela del pueblo organizó un acto en la plaza, los chiquillos cantaron, recitaron poemas e izaron ceremonialmente la bandera mientras entonaban a media voz la versión abreviada del interminable himno argentino. Para mí que, a pesar de que a estas alturas estoy casi nacionalizada (aunque solo sea de corazón), no me invade el sentimiento patriótico, ver todo el show me trajo tiernos recuerdos de las fiestas del Angels Garriga (mi cole), en las que a veces incluso nos daban bizcochos y un chocolate caliente terrible! (En este caso fueron empanadas y una especie de bebida dulce de leche con pedazos de maíz)


Acto 25 de mayo

Nosotros evidentemente comimos las tradicionales empanadas y el tradicional locro (un potente potaje que tiene como elemento estrella el "mondongo", usease, pedazos de estómago de vaca). También esperamos ansiosos en la plaza a que fueran las doce para que, como cada día, apareciera por la ventana del campanario una figura "fullsize" de un monje o algo así que con sus movimientos mecánicos nos dió la bendición a todos mientras nostros le sacábamos fotos como posesos, casi como los japoneses eternamente congregados ante la "Mona Lisa".



Plaza / Locro de 25 de mayo (y la señora que se tentó y terminó comiendo un locro sentada con nosotros)


Fue un día muy folcklórico que terminó de un modo un tanto estraño. De regreso al camping, iviendo qeu nadie aparecía por ahí, decidimos aventurarnos a encender el calentador y darnos una duchita caliente. Todo bien. Hasta llegó otro ciclista, con lo cuál ya eramos casi una comunidad de ocupas. Y a todo eso apareció el regente, pasó de largo sin decirnos nada y por cortesía me acerqué a avisarle de que, tal como ya había visto, estábamos allí a fin de que nos diera las indicaciones correspondientes, nos registrara y nos cobrara, tal como se acostumbra. Pero contra todo pronóstico el tipo me dijo que nos teníamos que ir. Yo, toda sorprendida, se lo comuniqué a los chicos que, por una parte sabiendo que estábamos en el camping municipal y por la otra conscientes de que no había mucho a donde ir decidieron que no nos iríamos. A mi, la verdad, me pareció bien, al fin y al cabo no le estábamos haciendo daño a nadie. Pero ya entrada la noche el tipo seguía allí y se encabronó con tomi hasta que decidimos que no quedaba otra que irnos si no queríamos que hubieran trompadas.

Entrada ya la noche, y con las biciletas cargadas a toda prisa, interceptamos a otros chicos que venían con la intención de agrandar nuestra recién creada (y recién disuelta) comunidad y les previnimos contra la furia del señor. Así pues, nos fuimos los cinco a pedir al otro camping que nos dejaran quedar. Por suerte nos recibió una señora bien amable, acostumbrada ya a albergar a los turistas que el otro iba echando no se sabe bien por qué.

Bueno, conseguimos quedarnos en el pueblo y así a la mañana siguiente emprender una excursión que nos habíamos propuesto. Tomi me quería mostrar un cerro multicolor que él ya conocía y que para llegar a verlo proponía una subida de más de 1000 metros por un camino bastante terrible. Por primera vez sentí que no iba a poder llegar hasta donde nos habñiamos propuesto. La subida fue bastante dura, y por más o menos a partir de la mitad empecé a sentir de nuevo los efectos de la altura. Hicimos gran parte del camino empujando la bici (tomi al final tuvo que empujar las dos bicis) pero bueno, conseguimos llegar y lo cierto es que la vista era impresionante (juzguen por las fotos). Pero allí arriba hacía un frío del demonio así que estuvimos el tiempo justo de sacar un par de fotos y nos largamos pitando (la bajada fue bastante más rápida).



Cerro Hornocal

Compartimos la cena con los chicos: Jono y Hanna (de Reino Unido), Andreas (de Dinamarca) y nos chicas alemanas que ellos ya copnocían. Fue una cena divertida al más puro estilo "internacional youth hostel" al que nosotros estamos tan poco habituados. Y el día siguiente fue de relax, preparandonos para el camino a Iruya.

Dejando Humahuaca tuvimos 25km de buena subida con viento en contra que terminaron sacandonos de la quebrada, y allí tuvimos que separarnos de nuestro amado pavimento para adentrarnos en un entretenido camino ripio, arena y serrucho. El camino ese día no tuvo demasiado interés, precticamente todo subida por entre esos duros y pinchudos pastos de altura con un viento cada vez más bravo en contra. Acampamos a unos 3500, al lado de un río que serpenteaba entrecruzado con el camino (por supuesto sin puentes), lo cuál no estaba nada mal ya que sabíamos que nos tocaba superar un paso a 4000 para llegar al pueblo.

A la mañana siguiente nos tocaron todavía 11km de buena subida, pero como hubo muchos zig-zags, almenos en algunos tramos el viento nos ayudaba. Y por fin culminamos el ascenso, que esta vez pudimos pedalear, pasando el abra en el que ondeaban (a toda pastilla) las banderas rojas de un santuario del Gauchito Gil.

Recibimos la bajada con gusto, pero el lugar seguía sin ser especialmente lindo y nos empezábamos a preguntar si todo el lío valdría la pena. Pero de golpe el camino se dejó caer (por no decir que se despeñó) por un quebrada impresionante. Paredes que debían de tener más de 300 metros, con extrañas formas creadas por la erosión del agua y los característicos colores de las tierras norteñas.





Camino a Iruya

La bajada fue muy linda y muy muy bajada. En apenas 20km bajamos más de lo que habíamos subido en los 55 anteriores desde Humahuaca. Y al final divisamos la iglésia de Iruya. El pueblo resultó ser de lo más pintoresco: colgaba de altísimos muros piedra en el encuentro entre dos quebradas, y las calles empedradas, por las que apenas si podía transitar un auto, reproducían la pendiente de la montaña.



Iruya

A nuestro encuentro vino una senyora que nos ofreció un lugar para acampar a un precio razonable así que no nos hicimos rogar. Plantamos el campamento y salimos a conocer el pueblo, que era muy chiquito, pero no nos importó pasar una y otra vez por los mismos rincones. Era un lugar especial, hundido en la quebrada, al final de un camino de tierra que las lluvias (por suerte poco frecuentes) cortan a causa dela crecida de los ríos. Le llegaba la electricidad a través de unos cables endebles colgando de postes de madera, y eso estaba complementado con un gran panel solar que captabla la energía de las pocas horas de luz que hay en la profunda quebrada.


Iruya

Quisimos aprovechar la oportunidad de darnos un baño caliente, y a Tomi le fué bien, pero cuando me tocaba a mi el pueblo entero se quedó de repente sin electricidad (y el calefón por supuesto era eléctrico). Llegó la noche e Iruya quedó a oscuras. Bueno, hubo que guardarse.

Los dos estuvimos encantados con ese lugar, pero tampoco había mucho que hacer, así que a la mañana siguiente emprendimos el duro regreso por donde habíamos venido. Yo pensaba que habría que hacer esos 20km con casi 1200 metros de subida a pata, pues la pendiente era importante. Pero para mi sopresa pudimos pedalear practicamente todo el camino.

Al salir de la quebrada sentimos el viento cada vez más bravo (diríamos que muy fuerte si no hubiéramos estado antes en la Patagonia) que le puso un punto más de emoción a la subida. Mientras estuvimos en los zig-zag a ratos lo tuvimos medio a favor pero una vez que llegamos a los dichosos 4000 metros, en la bajada estuvo insistentemente en contra, así que hubo que darle a los pedales, pero bueno pudimos llegar cerca del empalme con la ruta principal (y pavimentada).

Pudimos encontrar un rincón medio a reparo del viento para pasar la noche, que fue helada, y al día siguiente recorrimos los kilómetros que nos faltaban hasta llegar aTilcara, de nuevo con viento en contra.

De entrada teníamos pensado emprender desde aquí el cruce a Chile por el paso de Jama y después ir para Bolívia, pero hubo cambio de planes y a propuesta mía hemos decidido terminar el viaje aquí en Tilcara. Capaz que esto merece un nuevo post que seguramente escribiremos en orto momento. Ahora la vida continúa!!

22 de mayo de 2009

Por la quebrada

Dejamos atras la bonita ciudad de Salta en donde pudimos festejar el cumple de Berta como buenos burgueses yendo a comer fuera empanadas, locro, helados, las "papuchas" conitos de carton con papa fritas que venden en la calle, etc, tambien pudimos finalmente darnos la vacuna contra la fibre amarilla, solo por si acaso.

Despues de atravesar la enredada zona urbana de la ciudad por fin nos metimos en la naturaleza de nuevo, el camino en subida al principio a traves de una zona de praderas y forestaciones de pinos, al llegar al punto mas alto la cosa cambia, la bajada hacia el otro lado es todo a traves de una zona de yungas, mucha vegetacion, arboles enormes que apenas dejaban pasar la luz del sol, bastante fresquito por eso, el camino muy pintoresco, bastante estrecho y de cornisa, luego de la selva se pasa por al lado de un dique bastante grande que parece ser un lugar de descanso de fin de semana para la gente de la ciudad de Jujuy, despues de atravesar una zona de campos llegamos a las afueras de Jujuy, por suerte rodeamos a la ciudad por fuera en nuestra ruta asi que pasamos rapido y sin problemas rumbo a la quebrada de Humahuaca.


Ruta 9, de Salta a Jujuy / Embalse La Ciénaga

Aca empezaba la subida de nuevo, fueron unos 20 km pesaditos tratando de alejarnos de la ciudad para acampar tranquilos al lado de la ruta, asi encontramos un lugar aceptable, pero cuando ya habiamos armado la carpa se nos acerco un pastor que me hacia señas de que no podiamos acampar ahi, el hombre era sordo mudo y analfabeto asi que fue muy dificil entendernos, al principio me senti un poco intimidado por el machete que llevaba en al mano, pero al rato de hacernos mutuamente 1000 señas ridiculas creo que lo que queria decir es que estabamos en el camino de las cabras y que nos podian pasar por encima, al final nada de eso paso, nos dimos un apreton de manos y nada mas, mas tarde aparecio de nuevo junto a su patron, muy amable nos invito a ir a su casa y todo pero le rechazamos porque ya teniamos todo armado y listos para comer y dormir despues del largo dia de bici.

Al dia siguiente ya nos metimos delleno en la quebrada de Humahuaca, muy pintoresca como todo el noroeste Argentino con cerros de todos colores contrasatando con el azul oscuro del limpio cielo, para la bici sin embrago es un poco monotono por momentos porque el paisaje es bastante amplio y no cambia muy rapidamente, sobre todo en el sentido que ibamos nosotros con una leve pero constante subida.


Camino a la Quebrada / Quebrada de Humahuaca



Camino a Tilcara / Maimaná

Al final llegamos al pueblo de Tilcara, muy bonito y tranquilo, uno de los puntos mas turisticos de la quebrada, en estos pueblos se mezcla un poco el pasado indigena y el colonial. Estar en este pueblo para mi significa como una suerte de revancha ya que en el ultimo viaje que habia hecho se me rompio el cuadro de mi bici y no hubo manera de arreglarlo, entonces me quede con las ganas de conocer Bolivia y Peru, asi que ansioso de enfilar hacia esos horizontes totalmente desconocidos para mi, en relidad el titulo de esta entrada no es por la quebrada de Humahuaca sino por aquella bici que me acompaño en tantas aventuras.

Hoy aun no nos tomamos descanso ya que tempranito nos levantamos y nos fuimos a hacer una linda caminata a la garganta del diablo, fueron 6 km en subida y al final una abrupta y por momentos peligrosa bajada hasta un profundo cañadon por el que corre un rio rodeado de estrechas paredes de mas de 50 metros de alto, baje yo solo a la parte mas complicada, habian lindas cascadas y enormes piedras caidas desde arriba durante la epoca de lluvias que es muy fuerte en esta zona y que con las montañas de material muy arcilloso se vuelven muy inestables, se producen aludes, etc, ahora en la epoca seca los afortunados turistas difrutamos solo de los resultados bonitos como este cañadon, por cierto me costo bastante trepar desde alla abajo.



Camino a la Garganta del Diablo


Garganta del Diablo

Ahora nuestro proximo destino es Humahuaca, el pueblo mas grande de la quebrada, esta a solo 40 km de aca, pero hay lindos paseos por la zona asi que nos quedaremos por alla unos dias, tambien aprovechando para aclimatarnos bien a la altura ya que esta a unos 3000 metros y luego ya tendremos que pasar mucho tiempo por encima de esa altura, mañana aun nos quedamos aca por que se celebra una fiesta de la empanada, demasiado tentador como para dejarlo escapar luego ya les contaremos que tal fue la fiesta y lo mas importante, las empanadas!!! ... hasta entonces.

18 de mayo de 2009

Salta, la linda

Tanto nos atrapó Cachi con su belleza que después parecía no querer dejarnos ir. Los primeros días estuvimos muy relajados disfrutando de algún paseo por las calles del pueblo y admirando esos imponentes cerros que lo rodeaban, pero sobretodo montamos el taller en el camping y pasamos la mayor parte del tiempo arreglando las bicis.

Tomi estuvo cambiando su masa trasera, lo que implica sacar todos los rayos y volverlos a poner, limando los milímetros sobrantes por la diferencia de tamaño entre la masa anterior y ésta, y al final centrar la rueda, vamos un montón de horas. Por mi parte, todavía sintiéndome mal por la guarangada que le hice a la bicicleta metiéndola en el agua, le desmonté la masa trasera y la limpié y engrasé bien por dentro. Estuvimos entretenidos un par de días practicamente.

Una mañana, mientras trabajábamos aprovechando la sombrita que nos brindaban los árboles y disfrutábamos de la fresca brisa de montaña, llegaron un par de chicos al camping pillándonos con las manos negras y el espíritu alegre. Vamos, que nos hicimos coleguillas y quedamos en compartir aunque fuera una cenita.

Para mí, todo fue terminar de montar la rueda de nuevo, y empezar a sentirme más y más mal hasta que caí rendida en la carpa a 38º de fiebre. Y bueno, tengo que admitir que aunque intento mantener el escepticismo, tanto nos comen la cabeza entre las fiebres, las gripes y el dengue, que con la debilidad del cuerpo también se me empezó a ablandar la mente y casi casi me hago creyente; ya me empezaba a imaginar en el hospital en cuarentena. En fin, sucumbí a mis dudas y fui al médico.

Resultó que sólo se trataba de un poco de amigdalitis, según el médico, porque yo todavía es la hora que tengo que sentir dolor de garganta, pero en este caso, y siguiendo con el tono religioso que ha ido tomando esto, hago un voto de fe y me lo creo; al fin y al cabo, ¿no es la medicina una ciencia oculta para el común de los mortales, que no tenemos ni la menor idea de lo que nos pasa piel adentro?

También aprovecho para comentar, porque creo que todavía no lo he hecho y que vale la pena, que la atención médica argentina, en este tiempo llevo aquí, me ha demostrado que se merece un voto de confianza. Para empezar, decir que aquí la sanidad pública, a pesar de tener muchas deficiencias (como la mayoría de los sistemas sanitarios) y de sufrir de un grave problema de falta de recursos, es absolutamente gratuita para todos; es decir que de entrada, seas pobre o rico, argentino o extranjero, el Estado hace el esfuerzo de intentar asegurarte el acceso a la sanidad, lo cuál me parece una actitud de humanismo básico que en el "primer mundo" se nos ha pasado por alto.

Pero además de esto, la consulta no es como en la seguridad social española, donde uno por lo general entra en el consultorio y apenas tiene tiempo de rozar la butaca que ya está saliendo con cuatro recetas bajo el brazo y sin tener ni idea de lo que le pasa; aquí, en la consulta médica uno se siente escuchado, examinado y lo que es mejor, sale entendiendo el diagnóstico de su enfermedad. Además de esto, casi hay que pelearse para que no le den a uno los medicamentos que le recetan.

Una vez, comentando esto con un señor que conocimos estando en Rada Tilly, me dijo que la mía era una visión muy parcial, que por más que la atención una vez que estás en la consulta es buena, eso es más la actuitud del médico que por los recursos que el estado dedica a la sanidad, porque hay pueblos alejados y zonas rurales donde los fondos no alcanzan ni para comprar una ambulancia o que hay otros lugares donde los hospitales están sobresaturados y es muy difícil conseguir turno, o que tienen unas infrastructuras muy pobres. Que se trata de un tema complicado es algo que no pongo en duda, pero no quería dejar de resaltar este aspecto, que a mí me ha dado qué pensar.

Y volviendo a temas más cotidianos, con mi amigdalitis pasé un par de días postrada en la "cama" (Tomi ya no sabía qué hacer para entretenerse dentro de los dos metros cuadrados escasos que tiene nuestra casita) y al final tuvimos que aplazar un día nuestra salida porque en verdad no me daba el cuerpo.

Pero eh, ninguna enfermedad nos impidió pasar un lindo rato con nuestros nuevos amigos. Julián y Gustavo (amigo, en mi mente quedaste gravado como Gustavo pero ahora tengo dudas... perdoname si te estoy cambiando el nombre, no es mala leche, es este despiste que tengo) recién habían acabado la secundaria y habían emprendido desde Córdoba (si! eran tocayos de Tomi y de mi identidad argentina, la que uso para entrar en los parques nacionales pagando tarifa de nacional!!!) un viaje de mochileros con destino Méjico (o donde sea) para abrir su mente. ¡¡¡Fue un gusto chicos!! Desde aquí os mandamos los mejores deseos para vuestro viaje, esperando que os dé todo lo que esperáis y mucho, muuucho más. Por cierto, si al final nos volvemos a encontrar, estaremos esperando conocer el final de "El destierro", no os quepa duda.



Aquí estamos en plan fantasmagórico con los chicos

Los chicos solo estuvieron en Cachi un día, nosotros con todo terminamos pasando allí como cinco, y apenas el último día pudimos salir un poco y caminamos hasta el cementerio, desde donde obtuvimos unas hermosas vistas del pueblo y del valle, había que aprovechar, porque al día siguiente íbamos a dejar ya definitivamente los Valles Calchaquíes.



Cachi

Si, al amanecer del quinto día decidimos que ya era suficiente y que había que volver a la ruta; yo tenía la esperanza de que un poco de ejercicio me ayudara a recuperarme y volver a sentirme fuerte, y de hecho me repuse bastante. Fue un primer día de viaje pesadito, y más después de tantos días de inactividad. Efectivamente dejamos atrás el valley emprendimos una larga subida hasta un paso de montaña que nos dijeron que estaba a 3600msnm.

En la subida hubo algunos tramos lindos, subimos por una quebrada y atravesamos un desierto de cardones, algunos de más de 10mts, pero en general fue aburrida. A partir del mediodía, y habiendo alcanzado cierta altura, se nos levantó un fuerte viento frío en contra que nos hizo el camino todavía más pesado. Por suerte a lo largo de la ruta encontramos algunos refugios y estando ya cerca de los 3200msnm nos metimos en uno para pasar la noche.



P. N. Los Cardones / Nuestro refugio al atardecer

Estuvo muy bueno porque a pesar de la altura pudimos dormir bastante calentitos y encarar el siguiente día con ganas, pues según la información que nos habían dado, todavía nos faltaba subir alrededor de 400mts. Qué sorpresa cuando sin haber pasado ni una hora pedaleando llegamos a la cima, a Piedra del Molino, que resultó estar 300mts más abajo de lo que pensábamos, ¡fue como si esos metros nos los hubieran regalado!



Piedra del Molino

Y bueno, desde allí arriba la vista era impresionante, debajo nuestro veíamos el camino bajar en zigzag por la vertiente de la montaña hasta una quebrada, todo verde excepto en los lugares dónde la roca lograba sobresalir para mostrar orgullosa sus colores. Hermoso lugar y lo mejor... ¡En bajada!

Bajamos despacito, sacando fotos y disfrutando de la vista. Y en uno de los miradores coincidimos con una excursión de abuelitos. Estábamos traginando con las bicicletas cuando se nos empezaron a acercar todas las nonas, preguntando de dónde veníamos, que cómo habíamos llegado hasta allí, que a dónde íbamos, y nos daban besos y nos agarraban del bracito y creo que nos llenaron de bendiciones como para todo el viaje. ¡Que poder tienen las abuelas para hacerlo sentir a uno cuidado y mimado sea donde sea (y sea la abuela de quien sea)! Además, resultó que ellos venían de Villa Regina, justo de donde eran nuestros amigos Mario y Norma, así que se reavivó el recuerdo que guardábamos de los ratos lindos que compartimos con ellos cuando viajábamos por el sur.



Cuesta del Obispo

La bajada fue larga y placentera, el camino en buen estado y mucho tramo de pavimento, y antes de llegar al empalme con la ruta 68, que nos iba a llevar a Salta, encontramos un lindo prado y decidimos acampar allí para pasar la noche y llegar a la ciudad al día siguiente.

Y entonces llegó el Otoño. La noche fue fría y lluviosa, y por la mañana la llovizna casi nos convence de no salir a la ruta, pero bueno, a lo largo de la mañana fue mejorando la cosa y decidimos salir, al fin y al cabo pensábamos que íbamos tener pavimento todo el camino. Pero no, más adelante el pavimento se hizo intermitente y por los pedazos de ripio cruzaban arroyos crecidos por el aguacero nocturno. En algunos momentos tuvimos un poco de problema para cruzar, pero bueno, pasamos ese tramo y después el camino estuvo bueno hasta Salta.

Llegamos a la ciudad a eso del mediodía y nos instalamos en el camping, que está bastante bueno y muy bien de precio, además de relativamente cerca del centro, lo que en una ciudad grande es un lujo. Plantamos la carpa y salimos a descubrir "Salta, la linda".



Ahí estoy en mi habitual tarea de lavar la ropa, no es para presumir pero tengo que decir que ya estoy ducha con esto, un día tuvimos que usar la lavadora porque en el hostal no había lavadero y la verdad es que me di cuenta de que yo lo dejo todo mucho más limpio!!! (que de abuelita me ha quedado esto)


De entrada, y después de tanto tiempo saltando por el monte como cabritas, meternos en el centro de la ciudad fué un shock. Me di cuenta de que hace falta una cierta habilidad para moverse por las calles y también de que la estoy perdiendo. Incluso tuve una remota sensación de tristeza al darme cuenta de que por primera vez en mucho tiempo sentía que las personas éramos uns estorbo las unas para las otras.

Pero bueno, en estos ías que hemos pasado aquí ya nos hemos ido acomodando a nuestra condición de urbanitas provisionales y tampoco se nos da tan mal. Hemos estado caminando mucho, haciendo compras, renovando ropas y materiales, y también disfrutando un poco de los placeres de la urbe: vitrinear, ir al cine y hasta comer un montón de veces fuera!!!



Me compré unos guantes high quality, así que estos, pobrecitos, ya van a pasar a la historia

Hemos comido empanadas, pizza, matambre, pollo, ¡una pasada! Hay un cuchitril al lado del camping, cutrillo pero acogedor del que nos habíamos hecho asíduos clientes pero el otro día, estaba esperando llegar mi plato y de repente me encontré tenedor en mano intentando pescar una cucharachita que flotaba, muerta, en mi vaso de cocacola. Decir que en ese momento lo estaba haciendo con total normalidad, al fin y al cabo solemos comer rodeados de muchos más bichos, pero después lo pensé mejor, recuperé del fondo de la alforja mis manías urbanas (a conjunto con mi nueva condición) y me dió un poco de asco. No se si a Tomi le pasó lo mismo, la cuestión es que ya no hemos vuelto.

Plaza 9 de julio, salta



Salta desde sus calles y desde el mirador (lo que se ve colgando es el teleférico, que evidentemente no tomamos, subimos y bajamos a pata, que así se disfruta más la vista y el bolsillo lo agradece)


¡El domingo fue mi cumpleaños! Pensaba que no iba a tener mucho día de fiesta, ahora me doy más cuenta que nunca de que lo que da sentido a estas fechas es precisamente poder compartirlas con aquellos a los que amamos, y por los que nos sentimos amados. Así que lejos de casa, pues como que no es lo mismo. Pero con Tomi nos planeamos un lindo día aprovechando que Salta celebraba el día mundial de los museos abriendolos todos con entrada gratuïta y además organizando espectáculos de música, danza, folklore... Paseamos mucho, vimos cosas lindas y brilló el sol como regalándome un día de primavera septentrional en medio de este gris de otoño.



Cabildo Histórico y concierto de la banda del ejército



Plaza 9 de Julio desde el Cabildo



Iglesia de San Francisco / Exposición de carruajes y automóviles en el Cabildo



Tomi disfrutando como un nene en el museo de Ciencias Naturales / MAAM, En Salta están las momias de los niños de Llullaillaco, que fueron ofrendados por los incas hace más de 500 años, los enterraron vivos practicamente en la cima del volcán y a causa de las bajas temperaturas y la falta de presión quedaron momificados de forma natural, así como todo su ajuar. La foto no es nuestra, la he rescatado de Internet, y dejo el link del museo donde están por si quieren echar un vistazo y saber un poco más www.maam.org.ar



Danza contemporánea en el Museo de Arte Contemporáneo

Hoy ya ha vuelto todo a la normalidad, mañana veremos si por fin podemos darnos la vacuna de la fiebre amarilla, que de hecho llevamos todos estos días en salta esperando por este tema, y el miercoles arrancamos ya hacia la Quebrada de Humahuaca. ¡¡Hasta la próxima!!



7 de mayo de 2009

Paso a paso

Dejamos atrás Cafayate, donde descansamos varios dias para encarar una ruta muy dura que lo seria aun mas de lo que pensaba, pues ya la había hecho 6 años atrás.


El momento más esperado: el partido de River (que resultó ser un fiasco)



Al salir de Cafayate, admirados de esta linda costumbre de los lugareños de no atar nunca las bicicletas

Saliendo del pueblo pusimos rumbo norte por la ruta 40 siguiendo los valles Calchaquíes. Los primeros 30 km fueron fáciles, de pavimento, pero de ahí en más nos tocaban 130 km de ripio en muy malas condiciones, con mucha arena y serrucho. Por momentos hasta parecía que teníamos las ruedas pinchadas por el pesado andar, y a esto se le sumaba una sucesión interminable de subidas y bajadas, predominando las primeras.

Con todo, el primer día no fue tan mal, aunque rompimos 2 rayos y pinchamos una rueda. El segundo ya fue otra cosa. Al principio todo bien, la ruta estaba rodeada de quebradas con estos cerros de todas formas y colores, muy bonito, pero en una de las cansadoras cuestas me quedé pedaleando en el aire, se me rompió el mecanismo que traba el piñon de la bici para poder avanzar, asi que como pude a lo "mac gyver" agarré una soga que tenía y até el piñón junto con los rayos de la bici, de este modo el piñón quedaba fijo y podía pedalear. Igual no era fácil porque tenía que pedalear todo el tiempo, incluso en las bajadas, y en las subidas me tenia que bajar y caminar por que al hacer un poco de fuerza se cortaba la soga, así que el invento sólo me servía para el llano o subidas leves (que había muy pocas).



Quebrada Las Fechas

Pero bueno, así con paciencia fuimos avanzando y acampamos al final en un lindo lugar la lado del río que nos acompañó casi todo el viaje. Saliendo ya de la zona de las quebradas el valle se hacia muy amplio con muchos cultivos, muy bonito el contraste del azul del cielo con la luna casi llena que aparecia al atardecer y más abajo los tonos pastel de las montañas y los pastizales del rio.



Valle calchaquí /Vista desde el río Molinos



Atando la soga en el río Molinos

Al día siguiente ya anduvimos un poco mejor, no hubo más problemas de los que ya teníamos ,al menos. Berta también me ayudaba; en algunas subidas en las que yo no podía hacer fuerza para pedalear, me íba dando empujones en las espalda con una mano, así pudiemos avanzar mejor que el día anterior. Al final del día acampamos en el frente de una de las muchas casas de adobe abandonadas al lado del camino.



Hoy llegamos bastante temprano a Cachi, un encantador pueblito con mucha historia e influencia colonial e indígena, rodeado de montañas, algunas de mas de 6000 metros de altura, fuimos al camping municipal que es un espectaculo, con unos arboles enormes y muy buenas instalaciones y lo mas importante, bastante económico, así que vamos a descansar un par de dias aca y aprovechar para una vez más poner a punto las bicis, ya pude comprar la masa para mi rueda trasera y ahora me resta el tedioso trabajo armarla, pero bueh... es lo que hay, esperamos que en nuestra próxima parada, la ciudad de Salta, no tengamos tantos desperfectos, a ver qué pasa.


Cachi



Yo me remendaba, yo me remendé...

29 de abril de 2009

Rutas olvidadas

Teníamos pensado tomar un par de días de relax en San Pedro, pero la verdad es que el pueblo nos decepcionó un poco. Todo era muy caro en comparación con lo que veníamos pagando, Tomi no pudo encontrar un producto supuestamente muy común que necesitaba para arreglar su bici (así que de nuevo tuvo que apañarselas como pudo), y en general había poco que hacer. En definitiva, paramos un día, y al siguiente volvimos a la ruta.

Empezamos con un pedaciiiiito de pavimento (bienvenido por poco que sea) hasta El Tala, y desde allí salía un camino terrible que de hecho es la antigua ruta nacional nº9; ahora tiene otro trazado. No fueron muchos kilómetros hasta El Jardín, pero era todo arena suelta, como andar en bici por la playa, así que se nos hizo eterno. Desde El Jardín el camino fué un poquito mejor hasta llegar al tramo que está definitivamente abandonado. Allí era donde verdaderamente empezaba nuestra nueva aventura.



Antigua ruta 9, cerca de El Jardín

El camino se ponía a la par de un río y lo iba remontando a través de una selva de montaña. Un lugar encantador, todo verde, mil árboles y plantas cerrandose sobre el camino e intensos sonidos animales nos rodeaban. Y no pasaban más que algunos compesinos a caballo.

No bien habíamos empezado la subida cuando nos encontramos en un pequeño prado verde, con mesillas y asadores, y debajo, el río hacía un codo que invitaba al baño. No opusimos mucha resistencia. El agua estaba fresquita y buena, y como no era muy tarde, hsata tuvimos tiempo de intentar (si éxito) pescar unos peces grandotes que se veían desde fuera.



Antigua ruta 9, tramo abandonado /Vista desde la carpa

Por la noche empezó la lluvia y duró toda la mañana siguiente, hasta el mediodía. Y como igualmente el cielo no pintaba nada bien, nos quedamos guardaditos en la carpa casi todo el día. Recién a la tarde pudimos dar un paseo.

La lluvia fue un palo, pues al día siguiente, además de arena y rocas, en el camino tuvimos un montón de barro y charcos. Y ahí viene la razón por la que el camino se ha abandonado: la ruta no solamente va a la par del río sinó que está enredada con él de tal forma que hay que cruzarlo más de 10 veces, por supuesto, sin puente.



Cruzando charcos

En el primer cruce, el río era bastante caudaloso y su lecho, de arena, así que nos hundíamos hasta más de media pierna. Perdimos mucho tiempo sacandonos y poniendonos los zapatos y cruzando con las bicicletas en alto cada vez. Por suerte, al ir acercandonos más y más al nacimiento del río, cada vez era menos el caudal que éste llevaba, así que de a poco los cruces se fueron haciendo menos complicados. Igual en suma fue una jornada agotadora, hasta nos peleábamos y todo, y yo en un arranque de mala leche pasé por el río con zapatos y hundiendo la bici hasta casi el piñón (después la pobre se me quejó mucho y tuve que limpiarla).



Nuesro primer cruce de río

Culminamos esa etapa con una buena subidita que nos sacó del curso del río y llegamos a Pampa Grande. Habría sido genial que hubiera un poco de pueblo, pues no teníamos mucha comida, pero resultó ser sólo una caserío, sin ni una despensa, así que al día siguiente había que llegar a Guachipas si o si. Igual, no estaba demasiado lejos.



Pampa Grande

Por la noche llúvia de nuevo. Y al día siguiente seguía todo gris, con llovizna; un poco triste. Empezamos con una de esas agotadoras zonas de badenes, en las que el camino baja cada dos por tres para cruzar un arroyito (por suerte sin mucha agua) y vuelve a subir. Y después ya arrancó la subida definitiva hacia un pequeño paso de montaña, a eso de los 2000msnm.

Buena bajada hacia un valle ancho y verde, y después de un poco de sube y baja, el camino se dejó caer hasta Guachipas. Allí hicimos campamento una noche, con dos tareas prioritarias: comprar comida y, sobretodo, limpiar las bicicletas que hasta se atascaban de la cantidad de barro que llevaban encima.



Tente-en pie antes de la bajada a Guachipas

Quizás nos habríamos quedado otro día, pues el pueblo era chico pero lindo y tenía un camping municipal bastante acogedor, pero no sabemos por qué razón parece que a la señora que lo regentaba no se le cantaba encendernos el calentador, y una parada sin agua caliente no es veradero descanso. Así pues, decidimos salir de nuevo a la ruta, ahora ya con pavimento, hacia Cafayate.

El ingreso a la carretera de Cafayate a Salta, que recorre la hermosa Quebrada Las Conchas, fue la vuelta al "Gringo trail" (como nos gusta llamarlo), es decir, la ruta de los guiris. Después de estos días de peregrinación, de comunión con la naturaleza, entrar en las grutas que se han formado en la quebrada y encontrar dentro el paseíllo de los artesanos y los turistas probándose collares y pulseritas todo acompañado por una banda chill-out a lo peruano-de-Plaza-Cataluña (que evidentemente también venden sus discos) ha sido un shock demasiado fuerte para nosotros.





Quebrada Las Conchas

Está bien que el tursimo es una fuente de ingresos cada vez más importante en la región y bueno, supongo que hay que explotarla, pero amigos, no me conviertan estos singulares espacios naturales en pasillos de un shopping, por mucho tono hippiesco que se le quiera dar.



La Garganta del Diablo


Saliendo de la quebrada

Pero bueno, nos ha servido para ir aclimatandonos al ambiente turístico de Cafayate. Como sea, el pueblo es muy lindo. Desde las calles y a través de las puertas abiertas, podemos llegar a ver el interior de algunos edificios, construidos alrededor de unos soleados patios interiores, invariablemente llenos de plantas y flores (porque si, de vuelta a los Valles Calchaquíes por fin vemos brillar el sol otra vez). Hasta hemos divisado, desde aquí, los queridos (e inolvidables) zig-zag, que nos llevaron, hace días, a través de las sierras del Aconquija hasta el fértil Valle de Choromoro, a San Pedro de Colalao.



Plaza de Cafayate


Y por fin ha llegado el descanso. Descanso para reponernos después de estos días, pero sobretodo para hacer acopio de energía y enfrentar el camino a Cachi, que por lo visto es un mundo de arena y serrucho. Seguramente nos quedamos hasta el domingo. ¿Que por qué hasta el domingo? ¡Pues porque el domingo juega River, hombre!

23 de abril de 2009

Haciendo camino

Dejamos Santa Maria ya un poco renovados, de todos modos solo hicimos 25 km hasta el pueblo de Amaicha del Valle, nos habian dicho que era muy bonito, pero no vimos muchas diferencias de los otros pueblos pero aprovechamos a parar un par de dias por que el camping era barato y bien bonito, tambien aproveche para ver el River-boca, fue empate al final pero estuvo bueno, tambien hicimos una caminata hasta el pie de la sierra donde habia una linda cascada dentro de un profundo cañadon.


En Santa María con Laura y Fede, ciclistas de Buenos Aires con quienes pasamos un lindo día de fiaca palique / Los Zozos
Los Zozos / El remate
Luego otra vez a la ruta, esta vez para hacer un recorrido mas exigente, un camino nuevo que estan haciendo que cruza las sierras del Aconquija que separan los valles de los llanos hacia el este, hicimos un buen pedazo de pavimento y por la tarde comenzo la aventura desde un paraje llamado Tolombon, el camino de ripio se presentaba bien duro, una larga recta en subida que llegaba hasta el pie de las sierras y de ahi un camino en zig zag que subia la montaña hasta desaparecer en las nubes, asi que empezamos a subir el camino, bastante pesada la subida todo recto, un poco aburrrido al comienzo, el paisaje bastante desertico con cardones de hasta unos 5 metros de alto, luego llegaron las primeras curvas y unas lindas montañas con quebradas de todos colores, al final llegamos bastante cansados al atardecer y acampamos cerca de una casita que estaba al fondo de una quebrada, mas tarde fui a pedir agua ahi y hasta nos invitaban a comer pero estabamos tan cansados y la casa tanto abajo de la carpa que declinamos.





Al dia siguiente mas subida, cada vez se ponia mas empinado el camino y habia mucha piedra suelta y algunos socavones en el camino asi que toco empujar las bicis casi todo el dia, cada zig zag era eterno, pero a la vez ibamos disfrutando del increible paisaje alrededor nuestro con los valles calchaquies alla abajo, los condores volando sobre nuestras cabezas divirtiendose ahi con las corrientes de aire haciendo desplazamientos super suaves, nada que ver con nuestro penoso andar casi arrastrandonos cuesta arriba, al final llegamos al filo de la sierra a 3500 metros de altura, hacia el otro lado los llanos de Tucuman estaban tapados por un colchon de nubes, se notaba mucha mas vegetacion de esta vertiente mas humeda de la sierra, empezamos lo que creiamos seria la bajada, pero no, el camino giraba al sur siguiendo el filo de la sierra, con iguales subidas que bajadas, todo transcurria a traves de un paisaje rocoso y de pastizales bajos, a veces teniamos unas lindas vistas hacia ambos lados de la sierra, despues de 10 kms asi despues de todo el esfuerzo de la subida nos rendimos y acampamos en una quebradita que apenas tenia un par de pozos con agua estancada en el rio.



Despues de una noche fresquita a esa altura seguimos viaje, mi bici andaba mal asi que el andar era bastante pausado y lento, al final despues de un par mas de subidas y bajadas llegamos al ansiado descenso definitivo, ya no habian nubes y se veian todas las sierras y los llanos abajo, mucho mas verde que del otro lado, el camino seguia siendo medio malo con piedra suelta asi que fuimos con bastante paciencia, a medida que seguiamos bajando se hacia todo mas humedo y la vegetacion nos empezaba a envolver, cantidad de insectos, incluso me pico una avispa que se habra asustado al chocar con semejante obstaculo, asi despues de no se cuantos zig zags y casi ya sin frenos llegamos al pueblo de San Pedro de Colalao que yo ya conocia de otra vez pero por otro camino, fue linda la experiencia de hacer un camino que aun no esta innaugurado y que quizas somos los primeros viajeros en bici que lo cruzan, ahora a descansar arreglar las bicis un poco y a seguir viaje en busca de mas rutas no convencionales como esta.

11 de abril de 2009

Una de oxígeno, por favor

Tuvimos unos lindos días en Copiapó, que aprovechamos para visitar el museo mineralógico (todo rocas, pero la exposición era muy buena, y Tomi disfrutó como un niño), descansar mucho en nuestras camas con colchón y tomar el último mote con huesillos.

Y llegó el momento de enfrentar el Paso San Francisco, que teníamos en la mente ya desde que entramos a Chile. Salimos con el ánimo (y el cuerpo) renovado hacia nuestra aventura en la alta montaña, que para mi iba a ser la primera experiencia.

El primer tramo fue suavecito, desde que salimos de Copiapó, a 400msnm, tuvimos una subida muy suve hasta los 1600msnm que, con la ayuda del viento, superamos sin dificultad. Habíamos leído que el camino estaba en buenas condiciones y la verdad es que nos sorprendió positivamente, era de tierra compactada, casi como pavimento, y muy cuidado, supongo que por la intensa actividad minera que hay en la zona, que todo el día íban pasando mineros y camioneros que íban a abastecer los campamentos.

Pronto empezamos a ver las primeras montañas de colores, y unas ruinas indígenas. Y nada más, todo puro desierto, apenas si había algún arbusto. Tomi, con su pasíon mineralógica, fue parando y recogiendo piedras y piedritas (que después tuve que cargar yo); encontramos azufre, oro y otros tantos minerales que no supimos distinguir, pero que hacían lindos efectos en las rocas.

El primer día paramos al lado de una posada, en La Puerta, donde a pesar de que no había nadie, pudimos cargar agua, que era una de nuestras preocupaciones para todo el camino. Dormimos como troncos, e hicimos bien en descansar porque al día siguiente ya empezaba lo bueno.

Por la mañana todavía no había llegado nadie a la posada, así que recogimos y nos fuimos por donde habíamos venido. La primera prueba durilla que tuvimos fue la Cuesta del Salto, 3km en los que el peso desacostumbrado de las bicis, carcagadas con el agua para dos días y comida para una semana se hizo sentir, y que nos dejaron ya sobre los 2000msnm. Justo antes de empezarla un minero nos había ofrecido llevarnos ¡que tentación! pero habría sido un mal comienzo, había que darle con la bici (y un poco a pie, hay que confesarlo). Arriba, afectivamente se oía un salto de agua y había un poquillo de verde!

Desde el fin de la cuesta, la subida se hizo un poco más suave, pero lo cierto es que tuvimos un día intensillo, en 55km llegamos hasta los 3200msnm. Durante todo el día sentimos mucho el calor, pero por suerte a partir del mediodía se levantaba ese viento del oeste que a parte de sernos de gran ayuda, refrescaba bastante el ambiente.

Ese día pasamos también por un estero donde había un caserío, debían de ser una o dos familias que vivian allí, lo bueno es que nos dieron agua fresquita. Y por lo demás, el camino cada vez más impresionante, en las montañas se mezclaban los colores y el cielo, a medida que subíamos, se iba haciendo de un azul más y más intenso.

Paramos en un campamento minero, al lado de un galpón que nos sirvió para refugiarnos del viento, que cada vez era más frío. Yo terminé destruida de esa segunda jornada, con un agotamiento fuera de lo común. Lo que no sabía era que ya me estaba afectando el cambio de altura. Y había que descansar por obligación, pues a la mañana siguiente nos tocaba subir la cuesta codoceo, 10km de cuesta con los que ya íbamos a llegar a los 4300msnm. Sin embargo, tuvimos un sueño agitado, y cada tanto nos despertábamos con la boca seca como la suela de un zapato.

Empezamos la tercera jornada con un poco más de subida relativamente suave. No llevábamos ni una hora y yo ya sentía que no daba más. Tuve que parar a tomar aliento una vez, y al cabo de poco terminé bajandome de la bicicleta y sentándome un rato porque las piernas me flaqueaban. Tomás estaba de lo más entero, me dijo que lo que yo tenía era mal de altura. ¡Bien!

Bueno, despacito pudimos llegar hasta el principio de la cuesta, que nacía al lado de un río salado, prácticamente seco, que hacía unos efectos muy lindos en la tierra. Así pues, tomamos unas fotos, descansamos un poco y empezamos a subir.

Cuesta Codoceo

Yo creo que no llegué a subir ni 2km montada en la bici. Al aumentar el esfuerzo empecé a sentir dolor de cabeza, mareo, agotamiento, los músculos me flojeaban por la falta de oxígeno, el corazón me latía a toda pastilla, la boca se me secaba y cada dos por tres tenía que parar porque se me cortaba el aliento; era como si el cuerpo se me fuera quedando sin combustible. Yo misma me recordaba a un pez fuera del agua.

Al final no tuve más remedio que bajarme de la bici y subir andando. Y así, arrastrando las piernas y parando para respirar aproximadamente cada 50 metros, me tomó cerca de 4h llegar hasta arriba. El pobre Tomás, que solo tuvo un ligero dolor de cabeza, me iba esperando.

La vista desde la cima de la cuesta fue espectacular, hasta donde alcanza la vista se veían los picos de las montañas, absoutamente peladas, cada uno de distinto color. Allí tuvimos que abrigarnos, pues el frío ya se hacía sentir, y tuvimos, por fin, la primera bajada. ¡Que placer ver todo aquél espectaculo sin tener que pedalear!

En la bajada unos mineros nos pararon para ofrecernos agua, pero les dijimos que íbamos bien cargados, y para no dejarnos ir con las manos vacías nos regalaron una botella de cocacola... a tomi se le abrieron mucho los ojos. Con la cocacola atada al equipaje seguimos bajando por una quebrada hasta llegar al Salar de Maricunga, que a mi me pareció lo más bonito que había visto nunca (aunque no puedo asegurar que fuera una visión del todo objetiva). Alrededor de una laguna blanca se levantaban las montañas multicolor, con sus tonos reslatados por el blanco de la sal, y al fondo aparecían ya los primeros cerros nevados.
Allí, en el salar, a unos 3700msnm, está la aduana chilena. En un principio nos habíamos planteado seguir un poco más adelante, pero a mi velocidad se nos hizo tarde y además yo necesitaba parar para ver si mi cuerpo se aclimataba un poco.

Carabineros nos recibió de maravilla. Primero de todo me enchufaron con la mascarilla a la bombona de oxígeno (fue ona gozada sentir renacer el cuerpo), y después nos llevaron a su cabaña a tomar un te calentito. Hasta nos pudimos dar una ducha caliente, que terminó de restablecernos.

Nos íban a dejar dormir allí en la cabaña, pero llegaron unos compañeros del retén de laguna verde, más adelante, y nos arreglaron la enfermería con un radiodorcito que nos muntuvo calentitos toda la noche. La verdad es que les debemos todo nuestro agradecimiento, en especial a Mario Mondaca, que nos hizo sentir como en casa.

Nuestra suite en la enfermería, cerca del oxígeno

A la mañana siguiente tuvimos que pelearnos un poco para hacer los trámites de migraciones porque a los de la policía de migraciones se les pegaron las sábanas y terminamos saliendo bastante más tarde de lo que teníamos planeado.

En teoría esa cuarta jornada no tenía que ser muy dura. Había una cuesta de unos 8km y todo lo demás era una subida muy suave y llanura, encima con viento a favor. El problema es que la ruta, tras la cuesta, discurría cerca de los 4500msnm y no había bajada hasta llegar a la Laguna Verde, a unos 90km de la aduana. Siendo así, decidimos que teníamos que darnos un poco de caña para no tener que dormir a tanta altura y en los llanos, a merced del viento helado.

Al principio no fue muy difícil, pues habíamos salido del puesto de carabineros practicamente reestablecidos, además empezamos a tomar agua a conciencia para oxigenar la sangre, y pudimos darle bien en los primeros kilómetros de llanura por el salar, en la cuesta, y en la primera parte de los LLanos de Piedra Pómez. Pero poco a poco los dos empezamos a sentir los síntomas del apunamiento, y nuestra marcha se hizo cada vez más y más lenta por lo mal que nos sentíamos. El remate final fueron 12km de badenes antes de llegar a la bajada que nos dejaron destruidos.

Empezamos el descenso hacia la Laguna Verde ya bien entrada la tarde, con un viento que nos helaba hasta los huesos, tuvimos una vista breve del pie del Ojos del Salado, y justo antes de llegar a la laguna se nos vino por sorpresa otra subida que no esperábamos. En realidad no era mucho, cerca de 5km, pero en nuestro estado se nos hizo interminable. Y por fin, ya con las últimas luces del día, llegamos a la laguna, que resultó ser enorme y de un azul muy intenso que contrastaba con el color de la tierra a su alrededor.


Pensábamos llegar hasta un retén de carabineros que estaba cerca, pero encontramos un lindo refugio un poco antes y nos metimos de una. Esa noche fue muy fea. A la hora de cenar tuvimos que cambiar por completo nuestros hábitos alimenticios; normalmente llenamos la ollita de comida y nos avalanzamos sobre ella entrechocando los cubiertos y peleando para ver quién come más, engullimos todo y después atacamos con el pan hasta que empieza a saltar el esmalte de la olla. Pero en la altura, amigos, todo cambia, teníamos que comer como abuelitos, dando bocados chiquitos, respirando entre uno y otro, tomando mucha aguita y al final tuvimos que hacer un esfuerzo por terminarlo todo. Por la noche todo el rato teníamos que levatarnos a tomar agua, teníamos la cabeza embotada y no conseguimos más que un sueño ligero.


Por la mañana nos levantamos medio zombies pero ya con la expectativa de culminar el ascenso al paso San Francisco, pues estábamos tan solo a 20km y 400mts de la cima. Nos levantamos animados y al salir del refugio, con el sol brillando sobre la laguna, lo vimos todo distinto, más lindo, más alegre.

Hicimos un poco de retroceso para ir a ver las termas que nacían al lado de la laguna, unos piletones naturales, con algas que parecían de goma y agua calentita. El agua termal rezumaba entre las piedras y se deslizaba hasta la orilla de la laguna, dónde no se mezclaba con el agua fría, sinó que se mantenía en la superfície. Así que al meter la mano, primero se sentía el agua caliente, y al hundirla un poco más se llagaba a las aguas heladas de la laguna, y el efecto al remover era parecido al de querer juntar el agua con el aceite. Estuvimos jugando un poco y pisando los charcos de agua termal que el frío de la noche había dejado congelados (nos alegramos mucho de haber podido dormir en un refugio) y después emprendimos de vuelta el camino.

Termas y la laguna
Sinceramete, estábamos destruidos, así que subimos muy lentamente, casi arrastrándonos, por el camino que estaba en peores condiciones en sus últimos kilómetros, hasta llegar por fin arriba. Era un estado estraño, a mi casi se me cae la lagrimilla cuando vi el cartel del límite fronterizo. Y bueno, ya estábamos en la cima a 4726 metros de altura, de vuelta a la Argentina.

Comimos un poquito y emprendimos la bajada, esta vez con pavimento. La ruta del lado argentino no está ni de lejos tan transitada como en chile, pues se ha conseguido mantener la zona libre de la explotación minera, y solamente vimos montañistas y gente de visita. Lo bueno es que a desde el límite hasta llegar a Fiambalá, el primer primer pueblo, hay construidos 6 refugios que están en buenísimas condiciones y equipados con radio, y que, en caso de emergencia o de tener que pasar la noche en la ruta, son de gran ayuda.

Desde la frontera hasta La Gruta, donde está la aduana argentina, tuvimos una linda bajada, con vistas geniales. Pensábamos pasar la noche allí, pues teníamos entendido que había un refugio de vialidad, pero al llegar comprobamos que lso argentinos ya se habían avispado y cobraban $20 por persona y noche. El siguiente refugio libre estába a 13km, y como nos dijeron que era todo bajada nos animamos a llegar hasta allí.

No tardamos en arrepentirnos de habernos fiado otra vez de personas que se mueven en auto, pues lo que se nos vino fueron 7km de subida que, con viento en contra, se hicieron eternos. Pero llegamos. Descansamos en el refugio, a 4100msnm, y a la mañana de nuestra 5ª jornada nos levantamos ya mucho mejor y con fuerza para acercarnos ya al final de esta dura etapa del viaje.

Por el costado argentino la bajada es por el lado de un río, así que es suave, con algunos repechos, y tiene algo de vegetación. El viento sopló en contra, pero por suerte no fue mucho. Pasamos entre cerros rojizos, otros con médanos, y en general seguimos teniendo toda la gama de tonalidades. También tuvimos vistas del volcán Incahuasi, nevado, desde casi todos sus ángulos.

Por debajo de los 3500msnm ya empezamos a ver los primeros guanacos y asnos, y también regresaron las moscas, las avispas, y las hormigas gigantes del desierto. Pasamos la noche en el último refugio antes de fiambalá, y para el último día nos quedaron los 60km máslindos de toda la bajada.
Primero nos escurrimos por la Quebrada Las Angosturas, yendo al lado del río que se hundía en las rocas rojas de la montaña y al salir de la quebrada nos encontramos con unas ruinas incas y unas formaciones rocosas impresionantes. Es difícil describir lo bonito que era todo aquello. Yo antes decía que lo mejor del viaje eran las personas que habíamos conocido, pero ahora pienso que hay algunos lugares y algunos momentos que están en reñida competencia con ellas. Me emocioné de nuevo mirando a mi alrededor.



Quebrada Las Angosturas


Y finalmente llegamos a Fiambalá.

El pueblito no es gran cosa, es chiquito y acogedor. Fuimos a parar a un camping que recién estaba arrancando donde nos atendieron de maravilla, con toda la amabilidad norteña, y hasta nos regalaron unas ricas empanadas de choclo que nos sentaron de maravilla. Descansamos todo el día, y a la mañana siguiente recorrimos los 20km quehay hasta las termas del pueblo. Por más que la ruta fue cansadora, tuvimos un día genial, de relax absoluto, y el lugar nos pareció increíble. El agua surge de la roca a 80º y el complejo termal está formado por unos 12 o 14 piletones con agua desde los 41º hasta los 27º, aprovechando el enfriamiento natural por el curso del agua.


Termas de Fiambalá

Bien remojados y relajados salimos al día siguiente hacia catamarca, con la urgencia de poder comunicarnos con la familia para avisar de que estábamos sanitos y salvos, de vuelta de las alturas, pues el ciber de fiambalá estaba con problemas de conexión. En Tinogasta nos conectamos a internet y nos vimos obligados a empezar a tomar conciencia de la epidemia de dengue que está afectando a la Argentina.

emos sabido que Catamarca es una de las provincias más afectadas por la enfermedad así que pensamos que quizás era bueno evitar por un tiempo las poblaciones más grandes en esta región. Cancelamos nuestros planes de visitar la capital y tomamos otro camino, que Tomás ya conocía, y que nos ha llevado por valles y desiertos hasta los Valles Calchaquíes.


Cerca de la Quebrada de Belén / Cosas que uno se encuentra en la ruta



Hulafín /Para qué los puentes? Si en el desierto solo llueve cuando legamos nosotros...

Hemos tenido un poco de problema para encontrar un pueblo con camping donde poder parar, así que la travesía seha ido alargando hasta que hemos llegado hoy a Santa María, un pueblo bien lindo, rodeado de naturaleza, y con un camping municipal dónde poder asentar campamento, tomar una ducha caliente, descansar y sobretodo, comernos el asado con el que venimos soñando desde que llegamos a Argentina!

30 de marzo de 2009

En las puertas del desierto

Desde Valparaiso ya se empezaba a notar el cambio en el paisaje, pero ahora ya si podemos decir que estamos propiamente en el desierto desierto, este, el desierto de Atacama es famoso por que es la region mas seca del planeta, ahora estamos en uno de sus oasis en la ciudad de Copiapo que esta en el valle del mismo nombre, cuyo rio alimentado por el deshielo de la cordillera esta por estas fechas seco.

Desde Ovalle comenzo el rompecabezas que tuve con mi bicicleta, se me rompio la caja del centro, todo el sistema del eje de los pedales, la sorpresa al desarmarlo, cuando ya habia comprado el repuesto y todo fue ver que la rosca de mi bici era al revez de los normales, no hubo manera de encontrar solucion en ovalle, asi que le puse el roto de nuevo y a pedalear rumbo a la ciudad de La Serena un poco mas grande a ver si alla habia suerte, en un principio teniamos pensado llegar alla por unos caminos secundarios por unos valles pero con mi bici como estaba tuvimos que tomar la ruta mas corta por el medio del desierto, asi llegamos sin mayores problemas hasta esta ciudad costera que recibe mucho turismo en verano, no consegui el repuesto que buscaba si encontre ese tipo de rosca para ponerle el viejo sistema de ejes y cubetas por separado, es lo que hay, y bueno de ahi a seguir viaje al norte.


En los últimos tramos costeros la bruma no nos abandona

Una vez mas nos subimos a la ruta 5, dejamos la bruma de la costa y empezamos la dura ruta por el desierto, cuando yo miraba el recorrido en el mapa nunca me hubiera imaginado que esta zona pudiera ser tan montañosa, muchisimas subidas y bajadas, bajo un sol abrazador en las horas de la tarde, el viento por suerte nos ha ayudado un poquito, incluso a veces no esta mal tenerlo en contra porque hace bajar bastante la temperatura, en esta zona hay mucha mineria y la ruta asi mismo de sus camiones, los camioneros siempre muy buena onda saludando y hasta ofreciendo llevarnos algun tramo pero hasta ahora no hemos caido en la tentacion.


Entre subida y subida le vamos dando algun mordisco a la chancaca, que es una mezcla natural de azúcar y mieles hecha un bloque duro. En teoría se come diluída en agua, pero Jaime (con quien estuvimos en El Chaltén) nos enseñó a comerla así y es verdaderamente una inyección de energía, casi azúcar en vena.

A pesar de las dificultades del desierto otras cosas se simplifican, por ejemplo acampar, ya no hay mas alambrados por ningun lado, tenes todo el desierto para vos, hasta hemos tenido suerte de encontrar buenos lugares, un complejo minero abandonado una vez, otra unos lindos arboles en un lecho seco de un rio, agua hemos tenido suficiente ya que aparte de los pueblos hay varios restaurantes de ruta donde uno puede ir a pedir un poco, y bueno la inmensidad y belleza de los paisajes, montañas enormes de arena, con bonitos colores y formas, y por la noche el cielo super limpio salpicado por las estrellas.


Nuestro departamentito en un complejo minero abandonado y campamento en el desierto

Pasando la ciudad de Vallenar la ruta se volvio bastante mas llana, aparecieron las largas rectas que parecen derretirse en el horizonte, en esta zona de llanura cada varios años sule llover torrencialmente y luego de esto se produce el fenomeno del desierto florido, todo el desierto se tiñe con los colores de estas flores, lamentablemente no hemos tenido suerte de apreciar este fenomeno y hemos llegado a Copiapo con los paisajes mas comunes, los del desierto mas arido del mundo.

Sol, calor y la ruta

La ciudad es bonita, tiene en su arquitectura sus detalles coloniales que de aqui en mas ya seran mas habituales, por aca no hay camping asi que nos fuimos a un residencial barato para descansar unos dias y reponer fuerzas, asi que contentos con ducha caliente, la habitacion para nosotros con tele y todo por menos plata de lo que nos hubiera costado el camping en San Martin de los Andes , lo necesitamos bastante, no por el tramo hecho sino por el que se viene, desde aqui vamos a cruzar de nuevo Argentina, y por estas latitudes cruzar la cordillera ya no es un tramite sencillo como lo era en la Patagonia, el paso de San Francisco se eleva a mas de 4700 metros de altura, aca estamos a apenas 400, pero la mayor complicacion es que es un paso bastante largo, unos 270km al paso y otros 220 km al proximo pueblo en Argentina, solo las aduanas y algun complejo minero en medio que son fundamentales para conseguir agua ya que del lado chileno es muy escasa, asi y todo saldremos de aqui cargados para dos dias, eso son 9 litros cada uno mas unos 7 dias de comida, eso son bastantes kilos, jaja, pero bueno tampoco es para asustarse ni mucho menos, se dice que hay fuertes vientos del oeste que nos ayudarian un poco, y en caso de complicaciones siempre esta la posibilidad de subirse a algun camion ya que este paso por su buen clima casi todo el año esta abierto permanentemente salvo exepciones y es la opcion de muchos camioneros sobre todo cuando se cierran los pasos mas al sur por las nevadas, asi que con todas las ganas de cara a la aventura, hasta la proxima, quizas en una semana desde el magico noroeste Argentino

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La última subida antes de llegar a Copiapó, y por delante, montañas y montañas

22 de marzo de 2009

2000 leguas de viaje... ¡en bicicleta!

¡Si señor! ¡Ole por nosotros! Desgraciadamete parece que nuestras bicicletas ya no quieren trabajar más y nos estan dando mucha guerra, arreglamos una cosa y se nos rompen dos... en fin, debe de ser la crisis de los 10 000. Peeero, para todos aquellos que alguna vez habéis dicho (o pensado) que estábamos locos, tenemos una buena noticia: podría haber sido peor. Sí, lo descubrimos hace un par de días en la ruta cuando, en plena subida, encontramos un señor sentado al lado de un carro con su perro. Resulta que el tipo, a sus 54 años, había decidido mandarse a la ruta tirando de un carro de 180kg que era su casa, nos dijo que llevaba ya 7 meses de viaje... Nosotros alucinábamos. Tomi dice que acabará mandado el carro al carajo, yo pienso en él en cada subida que encontramos.

Delicias chilenas. A la izquierda, un PEPINO, que no es un "cogombre" sinó una fruta que, cuando está madura es dulcísima y sabe igual que el melón, ¡pero esta no hay ni que pelarla! A la derecha, el famoso MOTE CON HUESILLOS, una bebida que se vende en puestitos fijos y ambulantes por todas partes. Las bolitas chicas son granos de trigo, el mote; y la bola grande es el huesillo, melocotón pelado y secado, hervido posteriormente en agua y azúcar; la bebida en si es el jarabe resultante de hervir los huesillos, casi como almíbar. Fresquito está riquísimo!
Eric, ja ho saps, aquesta va per tu! Directe des de Xile cap a Xai Xai!
Desde que (muy a pesar mío) salimos de la mágica ciudad de Valparaíaso, dejando allí tantos misterios escodidos en calles y callejones... y la cama, y la ducha caliente, y el sofá, la tele, la cocina y todas las comodidades de las que por un breve lapso de tiempo pudimos volver a disfrutar (ahora todo parece un sueño), la ruta se ha hecho bastante dura.

Recuerdo de una rica cena en el balcón del hostal de Valparaíso (no se ve, pero la vista de la ciudad era delicionsa)/ Saliendo de Illapel, cargados como gitanos después de hacer unas compras
Todavía pudimos seguir disfrutando de la vista del mar por algunos kilómetros, aunque fuera otra vez con bruma. Pasamos por pequeñas villas undidas en las vegas y por grandes condominios de lujo en lo alto de los cerros, y después dejamos el océano a nuestras espaldas y nos adentramos en el desierto. Pero desierto con todas las letras, con sus cactus y toda su "nada", solo sol, calor y subidas iterminables, un paisaje estraño: si te agarra alegre, se hace entrañable, si te agarra en un mal día, te hunde del todo. Como una tabla rasa en la que solo se pede encontrar lo que uno mismo vuelca en ella.
Desierto, entre Illapel y Combarbalá


A lo último hemos llegado a una zona de embalses, donde algunos ríos tienen agua, y en sus orillas se extieden los campos de parras como grandes mantos cubriendo la tierra de verde. Y lo que es más importate para nosotros: hay sombra!! Ayer pasamos el día acampados en un río; un poco de trabajo en las bicis y un poco de relax con baño incluído... pero el cansancio todavía no remite. Hoy hemos hecho la ruta hasta Ovalle y en el camino hemos visto gente extediendo los racimos de uvas en los tejaos para que el sol las seque y hacerlas pasas. Esperamos encontrar un repuesto para la bici de Tom y descasar un poquito más antes de seguir viaje. De ahora en adelante: más desierto y más motaña. ¡Que no decaigan los ánimos!



Desierto, embalse y parras en la comuna de Monte Patria
Mientras Tomi trabaja duramente, yo dejo volar la imaginación en nuestro locus amoenus particular (¡como mola ser yo!)