29 de abril de 2009

Rutas olvidadas

Teníamos pensado tomar un par de días de relax en San Pedro, pero la verdad es que el pueblo nos decepcionó un poco. Todo era muy caro en comparación con lo que veníamos pagando, Tomi no pudo encontrar un producto supuestamente muy común que necesitaba para arreglar su bici (así que de nuevo tuvo que apañarselas como pudo), y en general había poco que hacer. En definitiva, paramos un día, y al siguiente volvimos a la ruta.

Empezamos con un pedaciiiiito de pavimento (bienvenido por poco que sea) hasta El Tala, y desde allí salía un camino terrible que de hecho es la antigua ruta nacional nº9; ahora tiene otro trazado. No fueron muchos kilómetros hasta El Jardín, pero era todo arena suelta, como andar en bici por la playa, así que se nos hizo eterno. Desde El Jardín el camino fué un poquito mejor hasta llegar al tramo que está definitivamente abandonado. Allí era donde verdaderamente empezaba nuestra nueva aventura.



Antigua ruta 9, cerca de El Jardín

El camino se ponía a la par de un río y lo iba remontando a través de una selva de montaña. Un lugar encantador, todo verde, mil árboles y plantas cerrandose sobre el camino e intensos sonidos animales nos rodeaban. Y no pasaban más que algunos compesinos a caballo.

No bien habíamos empezado la subida cuando nos encontramos en un pequeño prado verde, con mesillas y asadores, y debajo, el río hacía un codo que invitaba al baño. No opusimos mucha resistencia. El agua estaba fresquita y buena, y como no era muy tarde, hsata tuvimos tiempo de intentar (si éxito) pescar unos peces grandotes que se veían desde fuera.



Antigua ruta 9, tramo abandonado /Vista desde la carpa

Por la noche empezó la lluvia y duró toda la mañana siguiente, hasta el mediodía. Y como igualmente el cielo no pintaba nada bien, nos quedamos guardaditos en la carpa casi todo el día. Recién a la tarde pudimos dar un paseo.

La lluvia fue un palo, pues al día siguiente, además de arena y rocas, en el camino tuvimos un montón de barro y charcos. Y ahí viene la razón por la que el camino se ha abandonado: la ruta no solamente va a la par del río sinó que está enredada con él de tal forma que hay que cruzarlo más de 10 veces, por supuesto, sin puente.



Cruzando charcos

En el primer cruce, el río era bastante caudaloso y su lecho, de arena, así que nos hundíamos hasta más de media pierna. Perdimos mucho tiempo sacandonos y poniendonos los zapatos y cruzando con las bicicletas en alto cada vez. Por suerte, al ir acercandonos más y más al nacimiento del río, cada vez era menos el caudal que éste llevaba, así que de a poco los cruces se fueron haciendo menos complicados. Igual en suma fue una jornada agotadora, hasta nos peleábamos y todo, y yo en un arranque de mala leche pasé por el río con zapatos y hundiendo la bici hasta casi el piñón (después la pobre se me quejó mucho y tuve que limpiarla).



Nuesro primer cruce de río

Culminamos esa etapa con una buena subidita que nos sacó del curso del río y llegamos a Pampa Grande. Habría sido genial que hubiera un poco de pueblo, pues no teníamos mucha comida, pero resultó ser sólo una caserío, sin ni una despensa, así que al día siguiente había que llegar a Guachipas si o si. Igual, no estaba demasiado lejos.



Pampa Grande

Por la noche llúvia de nuevo. Y al día siguiente seguía todo gris, con llovizna; un poco triste. Empezamos con una de esas agotadoras zonas de badenes, en las que el camino baja cada dos por tres para cruzar un arroyito (por suerte sin mucha agua) y vuelve a subir. Y después ya arrancó la subida definitiva hacia un pequeño paso de montaña, a eso de los 2000msnm.

Buena bajada hacia un valle ancho y verde, y después de un poco de sube y baja, el camino se dejó caer hasta Guachipas. Allí hicimos campamento una noche, con dos tareas prioritarias: comprar comida y, sobretodo, limpiar las bicicletas que hasta se atascaban de la cantidad de barro que llevaban encima.



Tente-en pie antes de la bajada a Guachipas

Quizás nos habríamos quedado otro día, pues el pueblo era chico pero lindo y tenía un camping municipal bastante acogedor, pero no sabemos por qué razón parece que a la señora que lo regentaba no se le cantaba encendernos el calentador, y una parada sin agua caliente no es veradero descanso. Así pues, decidimos salir de nuevo a la ruta, ahora ya con pavimento, hacia Cafayate.

El ingreso a la carretera de Cafayate a Salta, que recorre la hermosa Quebrada Las Conchas, fue la vuelta al "Gringo trail" (como nos gusta llamarlo), es decir, la ruta de los guiris. Después de estos días de peregrinación, de comunión con la naturaleza, entrar en las grutas que se han formado en la quebrada y encontrar dentro el paseíllo de los artesanos y los turistas probándose collares y pulseritas todo acompañado por una banda chill-out a lo peruano-de-Plaza-Cataluña (que evidentemente también venden sus discos) ha sido un shock demasiado fuerte para nosotros.





Quebrada Las Conchas

Está bien que el tursimo es una fuente de ingresos cada vez más importante en la región y bueno, supongo que hay que explotarla, pero amigos, no me conviertan estos singulares espacios naturales en pasillos de un shopping, por mucho tono hippiesco que se le quiera dar.



La Garganta del Diablo


Saliendo de la quebrada

Pero bueno, nos ha servido para ir aclimatandonos al ambiente turístico de Cafayate. Como sea, el pueblo es muy lindo. Desde las calles y a través de las puertas abiertas, podemos llegar a ver el interior de algunos edificios, construidos alrededor de unos soleados patios interiores, invariablemente llenos de plantas y flores (porque si, de vuelta a los Valles Calchaquíes por fin vemos brillar el sol otra vez). Hasta hemos divisado, desde aquí, los queridos (e inolvidables) zig-zag, que nos llevaron, hace días, a través de las sierras del Aconquija hasta el fértil Valle de Choromoro, a San Pedro de Colalao.



Plaza de Cafayate


Y por fin ha llegado el descanso. Descanso para reponernos después de estos días, pero sobretodo para hacer acopio de energía y enfrentar el camino a Cachi, que por lo visto es un mundo de arena y serrucho. Seguramente nos quedamos hasta el domingo. ¿Que por qué hasta el domingo? ¡Pues porque el domingo juega River, hombre!

23 de abril de 2009

Haciendo camino

Dejamos Santa Maria ya un poco renovados, de todos modos solo hicimos 25 km hasta el pueblo de Amaicha del Valle, nos habian dicho que era muy bonito, pero no vimos muchas diferencias de los otros pueblos pero aprovechamos a parar un par de dias por que el camping era barato y bien bonito, tambien aproveche para ver el River-boca, fue empate al final pero estuvo bueno, tambien hicimos una caminata hasta el pie de la sierra donde habia una linda cascada dentro de un profundo cañadon.


En Santa María con Laura y Fede, ciclistas de Buenos Aires con quienes pasamos un lindo día de fiaca palique / Los Zozos
Los Zozos / El remate
Luego otra vez a la ruta, esta vez para hacer un recorrido mas exigente, un camino nuevo que estan haciendo que cruza las sierras del Aconquija que separan los valles de los llanos hacia el este, hicimos un buen pedazo de pavimento y por la tarde comenzo la aventura desde un paraje llamado Tolombon, el camino de ripio se presentaba bien duro, una larga recta en subida que llegaba hasta el pie de las sierras y de ahi un camino en zig zag que subia la montaña hasta desaparecer en las nubes, asi que empezamos a subir el camino, bastante pesada la subida todo recto, un poco aburrrido al comienzo, el paisaje bastante desertico con cardones de hasta unos 5 metros de alto, luego llegaron las primeras curvas y unas lindas montañas con quebradas de todos colores, al final llegamos bastante cansados al atardecer y acampamos cerca de una casita que estaba al fondo de una quebrada, mas tarde fui a pedir agua ahi y hasta nos invitaban a comer pero estabamos tan cansados y la casa tanto abajo de la carpa que declinamos.





Al dia siguiente mas subida, cada vez se ponia mas empinado el camino y habia mucha piedra suelta y algunos socavones en el camino asi que toco empujar las bicis casi todo el dia, cada zig zag era eterno, pero a la vez ibamos disfrutando del increible paisaje alrededor nuestro con los valles calchaquies alla abajo, los condores volando sobre nuestras cabezas divirtiendose ahi con las corrientes de aire haciendo desplazamientos super suaves, nada que ver con nuestro penoso andar casi arrastrandonos cuesta arriba, al final llegamos al filo de la sierra a 3500 metros de altura, hacia el otro lado los llanos de Tucuman estaban tapados por un colchon de nubes, se notaba mucha mas vegetacion de esta vertiente mas humeda de la sierra, empezamos lo que creiamos seria la bajada, pero no, el camino giraba al sur siguiendo el filo de la sierra, con iguales subidas que bajadas, todo transcurria a traves de un paisaje rocoso y de pastizales bajos, a veces teniamos unas lindas vistas hacia ambos lados de la sierra, despues de 10 kms asi despues de todo el esfuerzo de la subida nos rendimos y acampamos en una quebradita que apenas tenia un par de pozos con agua estancada en el rio.



Despues de una noche fresquita a esa altura seguimos viaje, mi bici andaba mal asi que el andar era bastante pausado y lento, al final despues de un par mas de subidas y bajadas llegamos al ansiado descenso definitivo, ya no habian nubes y se veian todas las sierras y los llanos abajo, mucho mas verde que del otro lado, el camino seguia siendo medio malo con piedra suelta asi que fuimos con bastante paciencia, a medida que seguiamos bajando se hacia todo mas humedo y la vegetacion nos empezaba a envolver, cantidad de insectos, incluso me pico una avispa que se habra asustado al chocar con semejante obstaculo, asi despues de no se cuantos zig zags y casi ya sin frenos llegamos al pueblo de San Pedro de Colalao que yo ya conocia de otra vez pero por otro camino, fue linda la experiencia de hacer un camino que aun no esta innaugurado y que quizas somos los primeros viajeros en bici que lo cruzan, ahora a descansar arreglar las bicis un poco y a seguir viaje en busca de mas rutas no convencionales como esta.

11 de abril de 2009

Una de oxígeno, por favor

Tuvimos unos lindos días en Copiapó, que aprovechamos para visitar el museo mineralógico (todo rocas, pero la exposición era muy buena, y Tomi disfrutó como un niño), descansar mucho en nuestras camas con colchón y tomar el último mote con huesillos.

Y llegó el momento de enfrentar el Paso San Francisco, que teníamos en la mente ya desde que entramos a Chile. Salimos con el ánimo (y el cuerpo) renovado hacia nuestra aventura en la alta montaña, que para mi iba a ser la primera experiencia.

El primer tramo fue suavecito, desde que salimos de Copiapó, a 400msnm, tuvimos una subida muy suve hasta los 1600msnm que, con la ayuda del viento, superamos sin dificultad. Habíamos leído que el camino estaba en buenas condiciones y la verdad es que nos sorprendió positivamente, era de tierra compactada, casi como pavimento, y muy cuidado, supongo que por la intensa actividad minera que hay en la zona, que todo el día íban pasando mineros y camioneros que íban a abastecer los campamentos.

Pronto empezamos a ver las primeras montañas de colores, y unas ruinas indígenas. Y nada más, todo puro desierto, apenas si había algún arbusto. Tomi, con su pasíon mineralógica, fue parando y recogiendo piedras y piedritas (que después tuve que cargar yo); encontramos azufre, oro y otros tantos minerales que no supimos distinguir, pero que hacían lindos efectos en las rocas.

El primer día paramos al lado de una posada, en La Puerta, donde a pesar de que no había nadie, pudimos cargar agua, que era una de nuestras preocupaciones para todo el camino. Dormimos como troncos, e hicimos bien en descansar porque al día siguiente ya empezaba lo bueno.

Por la mañana todavía no había llegado nadie a la posada, así que recogimos y nos fuimos por donde habíamos venido. La primera prueba durilla que tuvimos fue la Cuesta del Salto, 3km en los que el peso desacostumbrado de las bicis, carcagadas con el agua para dos días y comida para una semana se hizo sentir, y que nos dejaron ya sobre los 2000msnm. Justo antes de empezarla un minero nos había ofrecido llevarnos ¡que tentación! pero habría sido un mal comienzo, había que darle con la bici (y un poco a pie, hay que confesarlo). Arriba, afectivamente se oía un salto de agua y había un poquillo de verde!

Desde el fin de la cuesta, la subida se hizo un poco más suave, pero lo cierto es que tuvimos un día intensillo, en 55km llegamos hasta los 3200msnm. Durante todo el día sentimos mucho el calor, pero por suerte a partir del mediodía se levantaba ese viento del oeste que a parte de sernos de gran ayuda, refrescaba bastante el ambiente.

Ese día pasamos también por un estero donde había un caserío, debían de ser una o dos familias que vivian allí, lo bueno es que nos dieron agua fresquita. Y por lo demás, el camino cada vez más impresionante, en las montañas se mezclaban los colores y el cielo, a medida que subíamos, se iba haciendo de un azul más y más intenso.

Paramos en un campamento minero, al lado de un galpón que nos sirvió para refugiarnos del viento, que cada vez era más frío. Yo terminé destruida de esa segunda jornada, con un agotamiento fuera de lo común. Lo que no sabía era que ya me estaba afectando el cambio de altura. Y había que descansar por obligación, pues a la mañana siguiente nos tocaba subir la cuesta codoceo, 10km de cuesta con los que ya íbamos a llegar a los 4300msnm. Sin embargo, tuvimos un sueño agitado, y cada tanto nos despertábamos con la boca seca como la suela de un zapato.

Empezamos la tercera jornada con un poco más de subida relativamente suave. No llevábamos ni una hora y yo ya sentía que no daba más. Tuve que parar a tomar aliento una vez, y al cabo de poco terminé bajandome de la bicicleta y sentándome un rato porque las piernas me flaqueaban. Tomás estaba de lo más entero, me dijo que lo que yo tenía era mal de altura. ¡Bien!

Bueno, despacito pudimos llegar hasta el principio de la cuesta, que nacía al lado de un río salado, prácticamente seco, que hacía unos efectos muy lindos en la tierra. Así pues, tomamos unas fotos, descansamos un poco y empezamos a subir.

Cuesta Codoceo

Yo creo que no llegué a subir ni 2km montada en la bici. Al aumentar el esfuerzo empecé a sentir dolor de cabeza, mareo, agotamiento, los músculos me flojeaban por la falta de oxígeno, el corazón me latía a toda pastilla, la boca se me secaba y cada dos por tres tenía que parar porque se me cortaba el aliento; era como si el cuerpo se me fuera quedando sin combustible. Yo misma me recordaba a un pez fuera del agua.

Al final no tuve más remedio que bajarme de la bici y subir andando. Y así, arrastrando las piernas y parando para respirar aproximadamente cada 50 metros, me tomó cerca de 4h llegar hasta arriba. El pobre Tomás, que solo tuvo un ligero dolor de cabeza, me iba esperando.

La vista desde la cima de la cuesta fue espectacular, hasta donde alcanza la vista se veían los picos de las montañas, absoutamente peladas, cada uno de distinto color. Allí tuvimos que abrigarnos, pues el frío ya se hacía sentir, y tuvimos, por fin, la primera bajada. ¡Que placer ver todo aquél espectaculo sin tener que pedalear!

En la bajada unos mineros nos pararon para ofrecernos agua, pero les dijimos que íbamos bien cargados, y para no dejarnos ir con las manos vacías nos regalaron una botella de cocacola... a tomi se le abrieron mucho los ojos. Con la cocacola atada al equipaje seguimos bajando por una quebrada hasta llegar al Salar de Maricunga, que a mi me pareció lo más bonito que había visto nunca (aunque no puedo asegurar que fuera una visión del todo objetiva). Alrededor de una laguna blanca se levantaban las montañas multicolor, con sus tonos reslatados por el blanco de la sal, y al fondo aparecían ya los primeros cerros nevados.
Allí, en el salar, a unos 3700msnm, está la aduana chilena. En un principio nos habíamos planteado seguir un poco más adelante, pero a mi velocidad se nos hizo tarde y además yo necesitaba parar para ver si mi cuerpo se aclimataba un poco.

Carabineros nos recibió de maravilla. Primero de todo me enchufaron con la mascarilla a la bombona de oxígeno (fue ona gozada sentir renacer el cuerpo), y después nos llevaron a su cabaña a tomar un te calentito. Hasta nos pudimos dar una ducha caliente, que terminó de restablecernos.

Nos íban a dejar dormir allí en la cabaña, pero llegaron unos compañeros del retén de laguna verde, más adelante, y nos arreglaron la enfermería con un radiodorcito que nos muntuvo calentitos toda la noche. La verdad es que les debemos todo nuestro agradecimiento, en especial a Mario Mondaca, que nos hizo sentir como en casa.

Nuestra suite en la enfermería, cerca del oxígeno

A la mañana siguiente tuvimos que pelearnos un poco para hacer los trámites de migraciones porque a los de la policía de migraciones se les pegaron las sábanas y terminamos saliendo bastante más tarde de lo que teníamos planeado.

En teoría esa cuarta jornada no tenía que ser muy dura. Había una cuesta de unos 8km y todo lo demás era una subida muy suave y llanura, encima con viento a favor. El problema es que la ruta, tras la cuesta, discurría cerca de los 4500msnm y no había bajada hasta llegar a la Laguna Verde, a unos 90km de la aduana. Siendo así, decidimos que teníamos que darnos un poco de caña para no tener que dormir a tanta altura y en los llanos, a merced del viento helado.

Al principio no fue muy difícil, pues habíamos salido del puesto de carabineros practicamente reestablecidos, además empezamos a tomar agua a conciencia para oxigenar la sangre, y pudimos darle bien en los primeros kilómetros de llanura por el salar, en la cuesta, y en la primera parte de los LLanos de Piedra Pómez. Pero poco a poco los dos empezamos a sentir los síntomas del apunamiento, y nuestra marcha se hizo cada vez más y más lenta por lo mal que nos sentíamos. El remate final fueron 12km de badenes antes de llegar a la bajada que nos dejaron destruidos.

Empezamos el descenso hacia la Laguna Verde ya bien entrada la tarde, con un viento que nos helaba hasta los huesos, tuvimos una vista breve del pie del Ojos del Salado, y justo antes de llegar a la laguna se nos vino por sorpresa otra subida que no esperábamos. En realidad no era mucho, cerca de 5km, pero en nuestro estado se nos hizo interminable. Y por fin, ya con las últimas luces del día, llegamos a la laguna, que resultó ser enorme y de un azul muy intenso que contrastaba con el color de la tierra a su alrededor.


Pensábamos llegar hasta un retén de carabineros que estaba cerca, pero encontramos un lindo refugio un poco antes y nos metimos de una. Esa noche fue muy fea. A la hora de cenar tuvimos que cambiar por completo nuestros hábitos alimenticios; normalmente llenamos la ollita de comida y nos avalanzamos sobre ella entrechocando los cubiertos y peleando para ver quién come más, engullimos todo y después atacamos con el pan hasta que empieza a saltar el esmalte de la olla. Pero en la altura, amigos, todo cambia, teníamos que comer como abuelitos, dando bocados chiquitos, respirando entre uno y otro, tomando mucha aguita y al final tuvimos que hacer un esfuerzo por terminarlo todo. Por la noche todo el rato teníamos que levatarnos a tomar agua, teníamos la cabeza embotada y no conseguimos más que un sueño ligero.


Por la mañana nos levantamos medio zombies pero ya con la expectativa de culminar el ascenso al paso San Francisco, pues estábamos tan solo a 20km y 400mts de la cima. Nos levantamos animados y al salir del refugio, con el sol brillando sobre la laguna, lo vimos todo distinto, más lindo, más alegre.

Hicimos un poco de retroceso para ir a ver las termas que nacían al lado de la laguna, unos piletones naturales, con algas que parecían de goma y agua calentita. El agua termal rezumaba entre las piedras y se deslizaba hasta la orilla de la laguna, dónde no se mezclaba con el agua fría, sinó que se mantenía en la superfície. Así que al meter la mano, primero se sentía el agua caliente, y al hundirla un poco más se llagaba a las aguas heladas de la laguna, y el efecto al remover era parecido al de querer juntar el agua con el aceite. Estuvimos jugando un poco y pisando los charcos de agua termal que el frío de la noche había dejado congelados (nos alegramos mucho de haber podido dormir en un refugio) y después emprendimos de vuelta el camino.

Termas y la laguna
Sinceramete, estábamos destruidos, así que subimos muy lentamente, casi arrastrándonos, por el camino que estaba en peores condiciones en sus últimos kilómetros, hasta llegar por fin arriba. Era un estado estraño, a mi casi se me cae la lagrimilla cuando vi el cartel del límite fronterizo. Y bueno, ya estábamos en la cima a 4726 metros de altura, de vuelta a la Argentina.

Comimos un poquito y emprendimos la bajada, esta vez con pavimento. La ruta del lado argentino no está ni de lejos tan transitada como en chile, pues se ha conseguido mantener la zona libre de la explotación minera, y solamente vimos montañistas y gente de visita. Lo bueno es que a desde el límite hasta llegar a Fiambalá, el primer primer pueblo, hay construidos 6 refugios que están en buenísimas condiciones y equipados con radio, y que, en caso de emergencia o de tener que pasar la noche en la ruta, son de gran ayuda.

Desde la frontera hasta La Gruta, donde está la aduana argentina, tuvimos una linda bajada, con vistas geniales. Pensábamos pasar la noche allí, pues teníamos entendido que había un refugio de vialidad, pero al llegar comprobamos que lso argentinos ya se habían avispado y cobraban $20 por persona y noche. El siguiente refugio libre estába a 13km, y como nos dijeron que era todo bajada nos animamos a llegar hasta allí.

No tardamos en arrepentirnos de habernos fiado otra vez de personas que se mueven en auto, pues lo que se nos vino fueron 7km de subida que, con viento en contra, se hicieron eternos. Pero llegamos. Descansamos en el refugio, a 4100msnm, y a la mañana de nuestra 5ª jornada nos levantamos ya mucho mejor y con fuerza para acercarnos ya al final de esta dura etapa del viaje.

Por el costado argentino la bajada es por el lado de un río, así que es suave, con algunos repechos, y tiene algo de vegetación. El viento sopló en contra, pero por suerte no fue mucho. Pasamos entre cerros rojizos, otros con médanos, y en general seguimos teniendo toda la gama de tonalidades. También tuvimos vistas del volcán Incahuasi, nevado, desde casi todos sus ángulos.

Por debajo de los 3500msnm ya empezamos a ver los primeros guanacos y asnos, y también regresaron las moscas, las avispas, y las hormigas gigantes del desierto. Pasamos la noche en el último refugio antes de fiambalá, y para el último día nos quedaron los 60km máslindos de toda la bajada.
Primero nos escurrimos por la Quebrada Las Angosturas, yendo al lado del río que se hundía en las rocas rojas de la montaña y al salir de la quebrada nos encontramos con unas ruinas incas y unas formaciones rocosas impresionantes. Es difícil describir lo bonito que era todo aquello. Yo antes decía que lo mejor del viaje eran las personas que habíamos conocido, pero ahora pienso que hay algunos lugares y algunos momentos que están en reñida competencia con ellas. Me emocioné de nuevo mirando a mi alrededor.



Quebrada Las Angosturas


Y finalmente llegamos a Fiambalá.

El pueblito no es gran cosa, es chiquito y acogedor. Fuimos a parar a un camping que recién estaba arrancando donde nos atendieron de maravilla, con toda la amabilidad norteña, y hasta nos regalaron unas ricas empanadas de choclo que nos sentaron de maravilla. Descansamos todo el día, y a la mañana siguiente recorrimos los 20km quehay hasta las termas del pueblo. Por más que la ruta fue cansadora, tuvimos un día genial, de relax absoluto, y el lugar nos pareció increíble. El agua surge de la roca a 80º y el complejo termal está formado por unos 12 o 14 piletones con agua desde los 41º hasta los 27º, aprovechando el enfriamiento natural por el curso del agua.


Termas de Fiambalá

Bien remojados y relajados salimos al día siguiente hacia catamarca, con la urgencia de poder comunicarnos con la familia para avisar de que estábamos sanitos y salvos, de vuelta de las alturas, pues el ciber de fiambalá estaba con problemas de conexión. En Tinogasta nos conectamos a internet y nos vimos obligados a empezar a tomar conciencia de la epidemia de dengue que está afectando a la Argentina.

emos sabido que Catamarca es una de las provincias más afectadas por la enfermedad así que pensamos que quizás era bueno evitar por un tiempo las poblaciones más grandes en esta región. Cancelamos nuestros planes de visitar la capital y tomamos otro camino, que Tomás ya conocía, y que nos ha llevado por valles y desiertos hasta los Valles Calchaquíes.


Cerca de la Quebrada de Belén / Cosas que uno se encuentra en la ruta



Hulafín /Para qué los puentes? Si en el desierto solo llueve cuando legamos nosotros...

Hemos tenido un poco de problema para encontrar un pueblo con camping donde poder parar, así que la travesía seha ido alargando hasta que hemos llegado hoy a Santa María, un pueblo bien lindo, rodeado de naturaleza, y con un camping municipal dónde poder asentar campamento, tomar una ducha caliente, descansar y sobretodo, comernos el asado con el que venimos soñando desde que llegamos a Argentina!